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Autor: Prensa Mindeporte
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Sueño familiar cumplido

Valeria y Hernando Dudamel labraron con su esmerada pasión por el wushu la medalla de plata en Dakar 2026

Sueño familiar cumplido

Dakar, Senegal. Detrás de la medalla de plata conquistada por Valeria Dudamel en el debut oficial del wushu en los Juegos Olímpicos de la Juventud Dakar 2026, no solo hay una impecable ejecución técnica, también existe una conmovedora historia de sacrificios compartidos, superación de adversidades y un profundo lazo de amor filial para cumplir un sueño compartido.

El camino al podio en Dakar tuvo sus curvas. Tras una clasificación a la fase final en el cuarto puesto que parecía alejar las opciones de medalla, se activó un silencioso pero implacable trabajo de hormiguita de su padre y entrenador, Hernando Dudamel, para descubrir las mínimas fallas que la había acarriado una penalización de 0,30 puntos.

Misterio resuelto

Como juez internacional de esta disciplina, Hernando revisó una y otra vez el video de la competencia, escudriñó en los nuevos detalles del intrincado reglamento y recurrió sus aliados en esta disciplina para resolver el misterio de las fallas y corregir los movimientos con el bastón en la ronda decisiva por las medallas.

“Hicimos el análisis técnico correspondiente, la gente que nos prestó el apoyo de verdad tomó su tiempo... en el wushu somos una familia y eso es lo que más nos enorgullece”, relató con gratitud.

El resultado fue una ejecución magistral en la rutina de gunshu (bastón) en la jornada matutina del martes, rozando la perfección técnica y catapultándola al segundo lugar general con un soberbio 9,246, la nota más alta que Valeria había sacado en competencias internacionales.

"¡Saqué un nueve, papá, saqué un nueve!", repetía emocionada Valeria tras su primera presentación en la que su vuelo para aterrizar con las piernas extendidas en posición de espada generó una salva de atronadores aplausos de los asombrados espectadores. "No creía que podía obtener una puntuación tan alta", decía Valeria, al tiempo que Hernando confirmaba sus certezas: "Sabía que podías hacerlo, solo tenías que creer en ti, hija".

Asombrosa madurez

Mientras la presión crecía de cara a la jornada vespertina en la final del manos libres del changquan, Valeria demostró una madurez asombrosa y se mantuvo alejada de las preocupaciones. En lugar de regresar a la sala de ensayo como la mayoría de los competidores optó por el descanso reparador,

"Me comí un ponquecito y me acosté a dormir", recapituló con una sonrisa en los labios las horas previas a la prueba decisiva en la que obtuvo 8,953 para redondear un global de 18,199 que le otorgó la histórica medalla de plata para entrar en la historia del olimpismo venezolano y mundial.

Sacrificio familiar

Pero todo triunfo conlleva una enorme cuota de sacrificios y renuncias, que en el caso de Valeria comenzó desde los 8 años, cuando se dedicó por entero a la práctica del wushu, luego de iniciarse en la gimnasia; disciplina que la ayudó en la flexibilidad para los exigentes posiciones, saltos y habilidad para girar con el bastón que exige este arte marcial chino.

“Ella ha dejado de lado muchas cosas de la infancia, como jugar, como salir, cosas normales para dedicarse al entrenamiento y eso es algo que yo lo llevo en el corazón”, confiesa Hernando con la fibra de un padre protector. “Nosotros los padres queremos lo mejor para nuestros hijos... ella ha dejado de hacer muchas cosas por este sueño que tal vez en un principio consideraba que era mío solamente, pero ahora ella lo ha consolidado”, añadió conmovido hasta las lágrimas.

Ese anhelo, en efecto, estuvo ligado a la carrera de Hernando, quien tenía la ilusión de competir en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, cuando el wushu figuró como deporte de exhibición. Solo que una inoportuna lesión le impidió acudir al Mundial de 2007 en la misma capital del gigante asiático, evento que otorgaba las plazas en las modalidades del Taolu como en Sanshou.

“Esta medallas es un sueño de amor. Un sueño que mi papá tenía. Por cuestiones de la vida no logró asistir a los Juegos Olímpicos de Beijing, pero el hecho de que él pueda estar aquí conmigo y verme cumplir este sueño es un triunfo para ambos", confesó Valeria mientras se fundía con su padre en un abrazo de absoluta felicidad compartida.

Más papá que entrenador

Al ser consultado sobre qué rol prevaleció en la jornada más importante de sus vidas, Hernando no dudó en reconocer la complejidad de su doble función, pero se decantó por la fibra más humana: “¡Diablo! ¡Qué difícil me la pusiste! Para mí ha sido difícil porque llevar el rol de padre y entrenador al mismo tiempo ha sido una tarea fuerte”.

Sin embargo, el tapiz de Dakar demandó el afecto de Hernando por encima de la estrategia. “El rol de padre el día de hoy ha sido el que ha llevado más allá, porque Valeria necesitaba el apoyo de su padre más allá del técnico que ve todos los días. Me he dado a la tarea en los últimos meses de ser el papá que ella quiere y el papá que ella necesita, y el papá del que ella se sienta orgullosa”.

Al margen del hito histórico de la medalla plateada conseguida en Dakar, la verdadera victoria de los Dudamel radica en que el wushu les exigió sacrificar la cotidianidad, pero les devolvió la inmortalidad de un sueño cumplido tomados de la mano.

Gerardo Blanco / Prensa Venezuela

Fotografías: Edilzon Gámez

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Fuente Oficial

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MINISTERIO DEL PODER POPULAR PARA EL DEPORTE

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